NASCA. Huellas en el desierto.
La cultura Nasca resulta fascinante
por diversos motivos. Por un lado, se desarrolló en uno de los territorios más
áridos del planeta, subsistiendo gracias a un sistema ingenioso de pozos para
obtener agua, y, por otro, realizó grandes e increíbles dibujos en el suelo del
desierto. A pesar de desarrollarse hace dos mil años, su legado llega hasta
nosotros.
Los expertos consideran que esta
cultura se originó hacia el 200 a. C., siendo precedida por la cultura Paracas
(aproximadamente 800 – 200 a. C.). Tras un periodo de transición en el que hay
influencias de varias culturas, los expertos han acordado que existen tres
fases diferenciadas en su desarrollo cultural: Nasca Temprano (50 – 300 d. C.),
Nasca Medio (300 – 450 d. C.) y Nasca Tardío (450 –650 d. C.).
La civilización Nasca se ubicó
geográficamente en la zona andina del actual Perú, a 450 kilómetros al sur de
la ciudad de Lima. El núcleo de la cultura ha sido situado en los valles de
Nazca y Palpa, concretamente en la cuenca del Río Grande. Sin embargo,
investigaciones recientes indican que los nasca llegaron mucho más al Este de
lo que se pensaba inicialmente, y que no era una cultura puramente costeña.
Este territorio es una zona casi desértica, de hecho, geográficamente coincide
con el norte del Desierto de Atacama, una de las regiones más áridas del mundo.
La topografía del área se caracteriza por dos tipos de paisajes. Por un lado,
grandes planicies con materiales sedimentarios llamados pampas y, por otro,
valles con terrenos fértiles que conforman una especie de oasis dentro de este
terreno desértico.
Bibliografía
Carabias, A. (2008). Fundación
Telefónica. Obtenido de Nasca. Buscando huellas en el desierto:
https://espacio.fundaciontelefonica.com/wp-content/uploads/2018/12/guia_practica_Nasca.pdf
